INTRODUCCIÓN
Vivimos en una época en la que ser joven puede parecer, en muchos aspectos, más difícil que nunca. El precio de la vivienda, la precariedad laboral, la incertidumbre económica o la dificultad para construir un patrimonio hacen que muchas personas sientan que avanzar económicamente es cada vez más complicado. Sin embargo, creo que también tenemos ventajas que generaciones anteriores no tuvieron. Tenemos acceso prácticamente ilimitado a información, herramientas financieras que antes eran inaccesibles para la mayoría, posibilidades de formación online y una capacidad enorme para aprender, trabajar y crear desde cualquier lugar.
Por eso, en este artículo quiero compartir una forma de entender la vida económica que considero interesante para los jóvenes: la mentalidad capitalista. No hablo de convertirse en una persona obsesionada con el dinero ni de acumular riqueza simplemente para presumir de ella. Hablo de entender el capital como una herramienta que puede ayudarnos a construir independencia, seguridad y libertad.
¿QUÉ SIGNIFICA SER CAPITALISTA?
Antes de empezar, creo que es importante definir qué entiendo por capitalismo. El capitalismo puede entenderse como un sistema que permite utilizar el capital para producir bienes y servicios, invertir y generar nuevo valor, pero, desde mi punto de vista, también podemos entenderlo como una herramienta.
Podríamos compararlo, salvando las distancias, con la escritura. La escritura nos permite almacenar información y transmitirla a otras personas; el capital, por su parte, nos permite almacenar parte del valor que hemos generado y utilizarlo para aumentar nuestra capacidad productiva.
Pensemos en un agricultor. Durante siglos, un agricultor podía trabajar la tierra utilizando principalmente su propia fuerza física y la de los animales, pero imaginemos que decide ahorrar durante varios años para comprar un tractor. El tractor requiere una inversión inicial importante, pero una vez adquirido puede permitirle trabajar una superficie mucho mayor en menos tiempo y con menos esfuerzo físico. ¿Qué ha ocurrido? Ha utilizado un capital inicial para adquirir una herramienta que aumenta su capacidad productiva. Ha convertido ahorro en capital productivo.
Y este concepto puede aplicarse prácticamente a cualquier ámbito. Una máquina puede ser capital, un ordenador puede ser capital, una empresa puede ser capital y una formación que aumenta nuestra capacidad para generar ingresos puede ser una forma de inversión en capital humano. Incluso una participación en una empresa a través de la bolsa puede representar una forma de poseer una pequeña parte de un activo productivo.
La idea fundamental es sencilla: el capital puede convertirse en una herramienta que trabaje a nuestro
favor.
CONVERTIR NUESTRO ESFUERZO EN PATRIMONIO
Una vez entendido esto, podemos intentar aplicar la misma lógica a nuestra propia vida. Si podemos utilizar nuestros recursos actuales para conseguir más recursos en el futuro, ¿por qué no hacerlo? Lo interesante es que existen muchas formas diferentes de conseguirlo y no todos tenemos las mismas capacidades, intereses o circunstancias.
Si una persona considera que se le da bien estudiar, puede invertir tiempo, dinero y esfuerzo en su formación. No necesariamente tiene que acudir a la universidad; puede estudiar una formación profesional, realizar cursos, aprender un oficio o formarse de manera autodidacta. La lógica es la misma: primero construyes valor y después intercambias ese valor por una recompensa.
Si desarrollas conocimientos o habilidades que otras personas valoran, puedes ofrecerlos a cambio de una remuneración, y esa remuneración puede convertirse posteriormente en ahorro. El ahorro puede convertirse en inversión y la inversión puede convertirse en patrimonio. Podríamos resumirlo así: Tiempo → habilidades → trabajo → ingresos → ahorro → inversión → patrimonio.
Por supuesto, no existe una única manera de recorrer este camino. Quizá seas una persona a la que le gusta estudiar, quizá prefieras trabajar con las manos, quizá quieras emprender, desarrollar una profesión artística o trabajar para una empresa. No importa tanto cuál sea el camino como entender que nuestro tiempo y nuestras capacidades pueden convertirse en capital.
CADA PERSONA EMPIEZA DESDE UN LUGAR
DIFERENTE
Hay algo que considero fundamental reconocer: no todos partimos desde el mismo punto. Algunas personas nacen en familias con muchos recursos y otras en familias con menos; algunas empiezan a trabajar a los 18 años y otras estudian hasta los 25 o los 30. Algunas pueden ahorrar una parte importante de sus ingresos, mientras que otras apenas pueden llegar a final de mes.
Por eso no creo que tenga sentido decirle a todo el mundo que debe seguir exactamente la misma estrategia. La situación personal importa. Sin embargo, incluso teniendo en cuenta estas diferencias, existen algunas decisiones económicas que muchas personas tendrán que afrontar a lo largo de su vida. Entre ellas destacan dos: el vehículo y la vivienda.
EL COCHE: ¿HERRAMIENTA O SÍMBOLO DE ESTATUS?
Para algunas personas que viven en grandes ciudades, tener un coche puede no ser necesario. El transporte público, la bicicleta o caminar pueden cubrir perfectamente sus necesidades, pero muchas otras personas vivimos en lugares donde disponer de un vehículo resulta prácticamente imprescindible para trabajar, estudiar o disfrutar de nuestro tiempo libre.
Por tanto, si necesitas un coche, la cuestión no debería ser únicamente ¿qué coche quiero?, sino también ¿qué coche necesito?
Muchos jóvenes caen en uno de dos extremos. Por un lado, están quienes quieren comprar un coche llamativo, nuevo o de alta gama porque lo consideran una forma de aumentar su estatus. No compran únicamente un medio de transporte, sino también una imagen. Por otro lado, existen personas que compran un coche nuevo simplemente porque consideran que es la opción más segura, sin plantearse si realmente necesitan que sea nuevo.
Y aquí creo que merece la pena detenerse. Un coche es un activo que, generalmente, pierde valor con el tiempo. Si destinamos 15.000 o 20.000 euros a un vehículo, estamos utilizando una cantidad importante de nuestro capital en algo que no necesariamente va a aumentar nuestro patrimonio.
Por supuesto, un coche puede ser necesario, pero necesario no significa que tenga que ser caro. Un vehículo de segunda mano, razonablemente fiable y bien mantenido, puede ser una opción mucho más interesante para alguien que está intentando construir su patrimonio.
Eso sí, tampoco debemos caer en el extremo contrario. Un coche barato puede acabar siendo caro si requiere reparaciones constantes, consume demasiado combustible o tiene un seguro muy elevado. Por eso hay que calcular el coste total. La ventaja que tenemos hoy es que Internet nos permite investigar prácticamente cualquier modelo. Podemos conocer sus averías habituales, consultar opiniones de propietarios, comparar precios y aprender los conceptos básicos de mecánica. Quizá tenga sentido aceptar durante unos años las incomodidades de un coche antiguo para poder ahorrar más y, cuando nuestro patrimonio sea mayor, comprar el coche que realmente queremos. La diferencia es que entonces ya no lo necesitaremos para demostrar nada a nadie.
LA VIVIENDA: LA DECISIÓN FINANCIERA MÁS IMPORTANTE
Si el coche es una compra importante, la vivienda juega en otra liga. No solamente porque necesitamos un lugar donde vivir, sino porque nuestro hogar puede convertirse en el espacio desde el que construimos nuestra vida. Es donde descansamos, trabajamos, estudiamos, desarrollamos proyectos, formamos relaciones y, para muchas personas, construimos una familia.
Sin embargo, acceder a una vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas económicos para los jóvenes. El precio de la vivienda, el coste del suelo, la construcción, los tipos de interés, la regulación y la concentración de población en determinadas zonas son algunos de los factores que influyen.
Podemos debatir sobre las causas y sobre las políticas que deberían aplicarse, pero mientras tanto tenemos que tomar decisiones dentro de la realidad que nos ha tocado vivir. Y aquí aparece una de las preguntas más importantes: ¿comprar o alquilar? Mi respuesta es que no existe una respuesta universal.
Comprar tiene ventajas: puedes conseguir estabilidad, construir patrimonio y, una vez terminada la hipoteca, disponer de una vivienda completamente pagada. Pero también implica responsabilidades. Una vivienda tiene impuestos, seguros, mantenimiento, reparaciones, posibles reformas, comunidad, suministros y otros gastos.
Alquilar ofrece algo diferente: flexibilidad. Si tienes que mudarte, normalmente es más sencillo, algunas reparaciones importantes corresponden al propietario y no necesitas disponer de un gran capital inicial para acceder a una vivienda. Por eso, para una persona joven con ingresos inestables, alquilar puede tener mucho sentido.
La verdadera pregunta no debería ser ¿comprar es mejor que alquilar?, sino ¿qué opción me permite construir una situación financiera más sólida dadas mis circunstancias?
LA DEUDA TAMBIÉN PUEDE SER UNA HERRAMIENTA
La hipoteca introduce otro elemento interesante: la deuda. Endeudarse no es necesariamente malo y, de hecho, puede ser una herramienta muy poderosa si se utiliza correctamente.
Cuando una persona pide una hipoteca, está utilizando dinero que todavía no ha ganado para adquirir un activo que espera disfrutar durante décadas, pero esa herramienta tiene un precio: los intereses. Por eso hay que entender algo fundamental: la deuda puede ayudarte a construir patrimonio, pero también puede destruirlo si asumes más riesgo del que puedes soportar.
Algunas personas incluso pueden plantearse utilizar su capacidad de endeudamiento para invertir en otros activos, pero esto aumenta considerablemente el riesgo. Si el coste de la deuda es superior a la rentabilidad que finalmente obtenemos de una inversión, hemos tomado una mala decisión y, aunque la rentabilidad esperada sea superior, nunca está garantizada.
Por eso no creo que endeudarse para invertir sea algo que deba recomendarse alegremente. La deuda debe utilizarse con prudencia.
LA VERDADERA CLAVE: CAPACIDAD DE AHORRO E
INVERSIÓN
Después de todo esto, creo que llegamos a una conclusión bastante importante. La cuestión no es úicamente comprar o alquilar, sino desarrollar una capacidad constante de ahorro e inversión.
Una persona que alquila durante décadas pero ahorra e invierte sistemáticamente puede terminar construyendo un patrimonio considerable. Una persona que compra una vivienda y consigue pagarla completamente también puede alcanzar una gran tranquilidad financiera. Son estrategias diferentes, pero ambas pueden funcionar.
Y esto nos lleva directamente a otro de los grandes problemas que tenemos por delante: la jubilación.
¿PODEMOS CONFIAR EN NUESTRA FUTURA PENSIÓN?
El sistema moderno de pensiones tiene sus raíces en la Alemania de Otto von Bismarck durante el siglo XIX. Desde entonces, los sistemas públicos de pensiones se han desarrollado de diferentes maneras.
En España, el sistema funciona fundamentalmente mediante un modelo de reparto: las cotizaciones de los trabajadores actuales financian las prestaciones de los pensionistas actuales. Esto funciona mucho mejor cuando existe una relación favorable entre trabajadores y jubilados, pero el problema aparece cuando cambia la estructura demográfica. Si hay menos trabajadores por cada jubilado, aumenta la presión sobre el sistema, y este es precisamente uno de los grandes desafíos de las sociedades occidentales.
No quiero entrar aquí en el debate de si el sistema es justo o injusto. Tampoco creo que tenga sentido culpar a los jubilados actuales. Ellos han trabajado durante décadas y reciben las prestaciones que les corresponden según las reglas del sistema.
Pero creo que debemos aceptar una realidad: una estructura diseñada para unas determinadas condiciones demográficas puede tener problemas cuando esas condiciones cambian.
Y aquí los jóvenes tenemos una responsabilidad. No deberíamos depender exclusivamente de que dentro de 40 años el Estado nos proporcione una determinada pensión. No sabemos exactamente cómo será el sistema, cuál será nuestra edad de jubilación ni cuál será el poder adquisitivo de esas prestaciones. Por eso considero razonable construir una segunda capa de seguridad: nuestro propio patrimonio.
CONSTRUIR NUESTRA PROPIA JUBILACIÓN
No significa que tengamos que abandonar el sistema público, sino no depender exclusivamente de él. Si durante nuestra vida somos capaces de ahorrar e invertir una parte de nuestros ingresos, podemos construir un patrimonio que nos permita complementar nuestra futura pensión e incluso podría llegar a financiar una parte importante de nuestra jubilación.
Pero esto requiere algo que muchas veces no queremos aceptar: paciencia. No existe una fórmula mágica para hacerse rico rápidamente. La inversión funciona mucho mejor cuando tenemos tiempo y, precisamente aquí, los jóvenes tenemos una ventaja enorme: tenemos décadas por delante.
EL INTERÉS COMPUESTO: NUESTRO MEJOR ALIADO
Imaginemos una persona que invierte 50 euros al mes y obtiene una rentabilidad media hipotética del 7 % anual. No significa que vaya a ganar un 7 % todos los años, porque los mercados suben y bajan y puede haber años positivos y años negativos. Si utilizamos ese 7 % únicamente como hipótesis matemática, el efecto a largo plazo es enorme.
Después de 40 años, 50 euros mensuales podrían convertirse aproximadamente en 131.000 euros, antes de impuestos e inflación, suponiendo una capitalización mensual constante. La cifra sorprende y aquí aparece uno de los conceptos más importantes de las finanzas: el interés compuesto.
No solamente obtienes rentabilidad sobre el dinero que has aportado, sino también sobre la rentabilidad acumulada. Por eso el tiempo es tan importante: cuanto antes empiezas, más tiempo tiene tu capital para crecer.
Y esto también explica por qué invertir puede llegar a ser extremadamente aburrido. Ahorras, inviertes y repites durante muchos años. No necesitas estar constantemente comprando y vendiendo ni intentar adivinar qué hará el mercado mañana. En muchos casos, la mayor dificultad no es encontrar una inversión extraordinaria, sino mantener una estrategia razonable durante décadas.
AHORRAR: VIVIR POR DEBAJO DE TUS POSIBILIDADES
Pero hay un pequeño problema: para invertir necesitamos capital y el capital no aparece de la nada. Por eso creo que existen dos grandes palancas financieras: gastar menos y ganar más.
La primera es vivir por debajo de nuestras posibilidades. La vida está para disfrutarla, por supuesto, pero también existe una posibilidad bastante importante: que mañana sigamos vivos. Por eso creo que podemos disfrutar del presente sin destruir nuestro futuro. Si ganas 1.500 euros y gastas 1.500, no estás construyendo patrimonio. Si ganas 2.000 y automáticamente empiezas a gastar 2.000, tampoco.
Esto es algo que ocurre con mucha frecuencia. Cuando aumentan nuestros ingresos, también aumentan nuestros gastos: queremos un coche mejor, una casa mejor, más viajes, más restaurantes, más tecnología y más comodidades.
Y no hay nada malo en disfrutar de estas cosas. El problema aparece cuando cada aumento de ingresos se transforma inmediatamente en un aumento equivalente del consumo, porque entonces nunca
avanzamos.
PÁGATE A TI MISMO PRIMERO
Una estrategia sencilla para las personas que tienen dificultades para ahorrar consiste en automatizar el ahorro. Cuando recibas tu nómina, separa inmediatamente una cantidad y no esperes a final de mes para ver cuánto te ha sobrado, porque probablemente no te haya sobrado nada. La lógica debería ser: Ingresos − ahorro = dinero disponible para gastar, y no Ingresos − gastos = ahorro.
Esto puede parecer una diferencia pequeña, pero psicológicamente cambia mucho las cosas. También existen herramientas digitales que pueden ayudar: cuentas remuneradas, automatizaciones, cashback, redondeos y aplicaciones de control de gastos. Todas pueden ser útiles, pero tampoco debemos engañarnos. El cashback no te hará rico y ahorrar unos céntimos cada vez que pagas tampoco. Son herramientas complementarias; la diferencia importante estará en nuestros hábitos.
GANAR MÁS TAMBIÉN IMPORTA
Ahorrar es importante, pero existe un límite. Si ganas 1.000 euros y gastas 900, tienes una capacidad de ahorro de 100 euros. Puedes intentar reducir tus gastos, pero llegará un momento en el que ya no puedas reducir mucho más.
Por eso también debemos intentar aumentar nuestra capacidad de generar ingresos. Aquí vuelve a aparecer la idea de construir valor: aprender, especializarse, trabajar mejor, emprender, crear productos, ofrecer servicios, buscar nuevas oportunidades, negociar mejores condiciones o desarrollar habilidades que el mercado valore.
No todo el mundo puede ganar muchísimo dinero y tampoco creo que debamos obsesionarnos con ello, pero sí creo que es razonable intentar mejorar poco a poco. Porque si consigues aumentar tus ingresos y mantienes relativamente controlados tus gastos, tu capacidad de ahorro puede crecer rápidamente.
SER AMBICIOSO NO SIGNIFICA SER AVARICIOSO
Aquí quiero hacer una distinción. No creo que sea necesario ser avaricioso. La avaricia convierte el dinero en un objetivo, mientras que la ambición puede convertirlo en una herramienta.
Querer ganar más no es necesariamente malo. Querer tener una vivienda mejor tampoco. Querer tener más tiempo libre, ayudar a tu familia, tener una jubilación tranquila, poder emprender o no depender de un trabajo que odias también puede ser una forma de ambición. La cuestión es qué haces con ella. Puedes utilizar el dinero para consumir constantemente o puedes utilizarlo para construir algo.
CONSTRUIR PATRIMONIO ES COMPRAR LIBERTAD
Y aquí llegamos al punto que considero más importante de todo el artículo. Construir patrimonio no consiste simplemente en hacerse rico. Consiste en comprar libertad.
Libertad para afrontar una emergencia, cambiar de trabajo, emprender, ayudar a tu familia, decidir dónde quieres vivir, jubilarte con mayor tranquilidad y no depender completamente de las circunstancias que te ha tocado vivir.
Hoy podemos tener buena salud, un trabajo estable, ingresos suficientes y una familia que nos ayuda, pero nadie sabe qué ocurrirá mañana. Podemos perder nuestro trabajo, tener una emergencia económica, sufrir una crisis o tener que cuidar de un familiar; nuestra situación puede cambiar completamente.
Por eso considero que construir un patrimonio es, en cierto modo, construir un escudo. No elimina los problemas, pero puede hacer que tengamos más herramientas para afrontarlos.
EL OBJETIVO NO ES TENER MÁS QUE LOS DEMÁS
Quiero terminar con una idea. No creo que el objetivo de todo esto sea tener más dinero que los demás. No se trata de competir, de demostrar que eres mejor porque tienes más patrimonio ni de acumular dinero sin ningún propósito.
El dinero es una herramienta. El capital es una herramienta. El ahorro es una herramienta. La inversión es una herramienta y, como cualquier herramienta, su valor depende de cómo la utilicemos.
No podemos controlar completamente el mundo. No podemos controlar los precios de la vivienda, las decisiones de los gobiernos, los mercados o las crisis económicas, y tampoco podemos saber exactamente qué ocurrirá dentro de 30 años.
Pero sí podemos controlar una pequeña parte de nuestro presente. Podemos decidir qué hacemos con nuestro tiempo, qué habilidades desarrollamos, cuánto gastamos, cuánto ahorramos, si invertimos y qué tipo de vida queremos construir.
Por eso, para mí, la filosofía de un joven capitalista podría resumirse en una frase: Crear valor, vivir por debajo de tus posibilidades, invertir la diferencia y dejar que el tiempo trabaje a tu
favor.
No para tener más dinero que los demás, sino para tener más libertad que ayer.


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